Noemi Larred

Ich bin eine Ruine is a documentary trip around a particular type of urban ruins – those brought about by voluntary desertion following a war. These war ruins, custodians of remains or vestiges, are exhibited in different strata, which allow us to reflect, in an archeological manner, on a constant feature of history. From Belchite to Berlin, we move across spaces which have suffered the same fate – the phantasmagoria of a Europe-wide experience – and which are reconstructed through the idea of the passing of time.

In addition to the photography project, a fanzine has been created (200 copies, numbered and signed by the exhibitors), which forms an integral part of the exhibition. A digital version of the fanzine is available for download: PHE Ich bin eine Ruine Fanzine

Ich bin eine Ruine is a documentary tour through a special type of urban ruins: those caused by voluntary abandonment after the war. These warlike ruins, depositories of a rest-trace, are exhibited through various layers, which allow archaeological reflection on a constant in history. From Belchite to Berlin, the space of a common destiny is transited, the phantasmagoria of a global story, which is reconstructed from a space that tells us about the passage of time and an experience that every country knows.

In this way, Virginia de Diego and Noemí Larred claim the constructive nature of a story based on ruin from which to perceive the territory described as their own, just as Kennedy felt himself an inhabitant of that Berlin in which this journey ends when Ich bin shouts ein Berliner. This work is therefore presented as a proposal that must consider ethically, politically and poetically the unstable global context, in order to create a new time that does not entail the cancellation of the past.

The exhibition was selected for PHotoEspaña 2012, constituting one more stage of the series Miradas sobre la arquitectura, which since 2008 proposes a reflection on photography as a subjective means of documentation and its relationship with a given architectural space.

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En el inicio de El malestar en la cultura Freud precisa el significado del sentimiento religioso como sensación de eternidad, un sentimiento oceánico, sin límites, sin barreras. Para ello compara el psiquismo humano con la contemplación que un turista ilustrado puede hacer de las ruinas de Roma. Con los conocimientos precisos que le proporcionan la historia y la arqueología Freud reconstruye los edificios y lugares de la antigüedad, percatándose inmediatamente que estos lugares se superponen en el tiempo y que una representación histórica precisa sólo puede hacerse mediante la yuxtaposición en el espacio de diferentes imágenes del tiempo histórico.

Este camino de reconstrucción conduce a una regresión constante: cuando se amplía el conocimiento sobre el pasado se superponen nuevas imágenes a las anteriores, llegando a la conclusión que nunca se puede llegar a una representación precisa y clara del pasado, siempre es una ilusión, una mentira basada en la ilusión de la reconstrucción a través de unas huellas: ante las reliquias de la ciudad eterna el visitante o bien imagina que aquellas ruinas ocultan otros restos que el pasado ha dejado en el subsuelo, o bien evoca un pasado que va más allá de la Historia y experimenta el tiempo en estado puro. La primera opción conduce a la superposición de imágenes tal como representamos el tiempo, mientras que la segunda vía conduce a imaginarnos una ausencia, lo que hay de invisible en estos restos del pasado.

La posibilidad de representar lo invisible conduce a esta sensación de eternidad de la que habla Freud, ligando esta contemplación al sentimiento de lo sublime, continuando una tradición clásica que nace en Longino y se continúa en lo pictórico con el Romaticismo (y su recuperación del icono glorisoso de la ruina clásica) y en lo teórico en el pensamiento kantiano. El abandono de una construcción o su funcionalidad obsoleta lo convierte en ruina (llamemosla «pasiva», creada simplemente por el abandono o la pérdida de función), en monumento: espectáculo de sí misma y reflejo del espíritu de su tiempo (Zeitgeist). De esta manera, cualquier edificio deviene de lo específico (tipología X) a lo general (ruina), pues pierde su identidad específica (marcada por su función como edificio vivo) al convertirse en monumento.

La ruina es de esta manera, depositaria de la memoria: un resto-rastro. Cada piedra, cada grano de la misma respira lo que fue, brisa que percibimos de una manera ilusoria, imaginando como los pintores de los cuadros invisibles de Filóstrato, cómo habrían sido en su época de esplendor. Intentamos leer en los restos, como un libro en un idioma extraño. La fantasmagoría de la Historia (y de las historias) quedan emparedadas en las rocas, en las paredes: contemplamos e imaginamos, vivencias, personas. De esta manera la ruina es sí un signo de la imaginación humana, del tiempo, de lo inmutable Es un topoi, un lugar común: todas las ruinas de una determinada época (podemos aventurar) son al final intercambiables entre sí, como idea, como concepto global: de esta manera y paradójicamente, un lugar común (topoi) deviene en un no-lugar, al no tener identidad propia per se, y ser simbólicamente un lugar de paso, de transitoriedad: el tiempo, la cultura, la humanidad, la vida. Por supuesto, y aunque afirmemos que la ruina supone un concepto global, un no-lugar que ha perdido su identidad específica, no significa que todas las ruinas sean iguales.

¿En qué se diferencian las ruinas de la Roma clásica de las ruinas de la I Guerra Mundial? Mientras que para las primeras hemos adoptado y asumido como natural una mirada hacia lo sublime; para las segundas ese sentimiento no está aún tan claro: es aún algo cercano y por lo tanto, doloroso, una cicatriz en nuestro mismo ser. Lo que en la contemplación de la ruina clásica deviene glorioso, en la contemplación de lo que llamaremos «ruina posmoderna» (datémosla a partir de la I Guerra Mundial) es en cambio, furioso.

Ich bin ein ruine es un viaje, un recorrido a través de la atemporalidad de la «ruina posmoderna», un catálogo de imágenes de estos no-lugares o topoi. Mediante la documentación de estas edificaciones continuamos con la tradición documentalista de fotógrafos como Bernd y Hilla Becher; aunque en su caso, es la función del edificio el punto de unión de sus series, pero como el mismo Bernd describió, sus edificio son «edificios donde el anonimato es aceptado como estilo». Una vez más, la intercambiabilidad entra en juego, creando estas series tipológicas. Es importante destacar que vamos a catalogar una tipología de ruina que, como decíamos antes, necesita de distancia temporal para ser comprendida como sublime… o quizá nunca lo sea, el tiempo lo dirá. Por lo tanto, no buscamos lo glorioso de la ruina clásica, esa ruina creada por el abandono o la obsolencia, sino lo conflictivo de la ruina no-pasiva, es decir, de la ruina forzada: no ha sido creada por una simple pérdida de función, sino por un abandono propiciado por un conflicto: la guerra.

En nuestro catálogo documentaremos esta tipología: ruinas posmodernas, ruinas «activas», creadas por los conflictos bélicos. Así como la Historia o la función trabajan como entes pasivosen la tipología de la ruina clásica, los sucesos bélicos, encuadrados dentro de un determinado marco histórico, crean otra tipología de ruina, que es la que investigaremos. Lo que buscamos con recorrer este camino es catalogar este tipo de ruina, intentar comprenderla y presentarla como tipología, Zeitgeist y no-lugar, capturando imágenes completamente intercambiables topográfica y temporalmente: la ruina posmoderna también es una tipolgía atopográfica.

Para ello hemos comenzado con una serie de fotografías dedicadas a la ciudad de Belchite, tristemente conocida por ser escenario de una de las contiendas más violentas de toda la Guerra Civil y por ser la única ciudad no reconstruída por mandato expreso de Franco y del SNRDR (Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones). Casi todas las fotografías presentan grandes analogías con otras tomadas después de otras contiendas (imágenes inferiores), creándose un lenguaje global, una tipología común.